Una Lanza por los Transportes Urbanos


02/01/2019 Facebook Twitter LinkedIn Google+ Artículos



Vamos a empezar el año rompiendo una lanza por los transportes urbanos, por todos aquellos conductores que hacen una media de más de 100 km diarios en plena ciudad.

Transportes Urbanos - Drive and Work

Para poder entender el significado de este artículo primero hay que entender lo que un conductor de transporte urbano lleva entre manos y en qué circunstancias.

La inmensa mayoría de nosotros nos desplazamos en vehículo para ir a trabajar o hacer nuestros quehaceres cotidianos.

Un desplazamiento suele suponer una media de entre 20 y 30 min. de tiempo, con un vehículo que ronda un peso de una tonelada, y su longitud no excede por regla general de los 4 metros, su frenada y comportamiento es sabida y así todo supone un enfrentamiento a veces un estrés a esa jungla llamada Tráfico Urbano, un cruce mal hecho, un Stop sin realizar, un ceda el paso sin mirar, un semáforo sin respetar, salidas, paradas en mal lugar, pasos de peatones y un sin fin de posibilidades para tener una colisión son a las que nos enfrentamos cada vez que nos sentamos tras un volante.

 

 

Un autobús no es un coche

Si queremos empatizar con un conductor de transporte pesado sea cual sea, en ciudad o en carretera, lo primero que debemos saber es que no es un vehículo al uso, como el que nosotros llevamos diariamente, el peso en vacío de un autobús urbano ronda entre 12 y 15 toneladas, entre 10 y 12 metros de longitud, la longitud de un articulado alcanza los 18,75 metros, ambos con una anchura de 2,55 metros y un voladizo delantero (distancia del eje delantero direccional a su parte delantera) de 2,80 metros, su voladizo trasero (distancia del eje trasero a la parte más posterior del autobús) es de 3,40 metros, con una altura de 3,20 metros.

«La ley del más fuerte»

Es sabido por todos el común comentario entre el resto de los transeúntes motorizados, “esto es la ley del más fuerte o más grande”, desde aquí queremos si al menos no desmentir si desvirtuar ese bulo o la intención que se pone en él, ya que el manejo o respuesta de un vehículo de estas dimensiones es mucho más inferior al de un turismo convencional, tanto en respuesta de frenada, como en la de aceleración y por supuesto en la de maniobrabilidad, esto siempre hablando en vacío, hablar de un autobús urbano con viajeros tanto los sustantivos como el adjetivo anterior se complica al menos en un 40% más.

Hasta 120 pasajeros

Un autobús urbano en hora punta puede llevar hasta 120 pasajeros de los cuales el 70% va de pie, la capacidad de un conductor en estos momentos se ve mediada por tantos controles mentales segundo a segundo que su profesionalidad no debe de ser juzgada tanto por su conducción, sino por su forma de control sin que nadie resulte dañado.   

Facilite la incorporación…

Salir de una parada con un autobús completo es el resultado de controlar, que todo el mundo esté arriba o abajo del autobús para poder cerrar las puertas, mirar por ambos espejos, el izquierdo para comprobar la incorporación a la circulación y el derecho para separarse de la acera sin incidencias (esto supone un ángulo de giro de cabeza para cubrir 2,55 metros de anchura, cuando se ve el lado izquierdo, el derecho pierde visión y viceversa), comprobar la altura siempre que las paradas estén entre árboles, señales de tráfico o marquesinas demasiado cercanas al borde, ya que con el ángulo de giro un autobús puede golpear a cualquier cosa cercana.

No solo el factor humano influye

A todo este control hay que añadir un bloqueo automático de frenada del que disponen los autobuses urbanos al abrir las puertas, cuando un urbano cierra sus puertas, hasta no estar totalmente cerradas el sistema automático de frenada no se desactiva y así todo hay que dar un pequeño acelerón para que se desactive, en llano o cuesta arriba es prácticamente imperceptible, pero si el autobús está cuesta abajo el tirón es mucho más notable y el conductor tiene que pasar del acelerador al freno en décimas de segundo para poder controlar su salida.

Todo este factor humano es el control o la intención de un conductor para evitar caídas de los viajeros o el malestar y las protestas en la forma de conducción, (hay mucho más, pero esto es lo básico).

Realizados estos controles que poco a poco empiezan a ser intuitivos en los profesionales, empieza la jungla del tráfico urbano, salir de una parada a veces es todo un triunfo y una guerra que en su gran mayoría un conductor de transporte urbano no debería de sufrir, la intolerancia de muchos conductores, la falta de respeto no solo al conductor del urbano, sino al resto de las personas que viajan en él, sin importar su edad o posible estado físico es tan habitual y de tal continuo que por eso empezamos el año con este artículo.

¿Hasta dónde llega la intolerancia?

Ver como un vehículo pita agresivamente, para ponerse delante de un urbano, como acelera o es capaz de hacer las maniobras más asombrosas vistas, solo por que un urbano no se ponga delante es el antónimo de tolerancia, respeto, paciencia, comprensión, permisividad, transigencia, sobre todo cuando todos los conductores sabemos que su recorrido va a ser de unos 200 metros máximo para volver a realizar otra parada donde lo podremos rebasar, las dimensiones de un urbano son tales que les convierten en vehículos torpes y lentos en atascos, si no respetamos su espacio vital, para que tenga las mismas oportunidades como las de los demás vehículos, el atasco será más lento de diluir y las prisas y presión acabarán en golpes no deseados que luego nos llevan más tiempo del pensado.

Después de mucho viajar en autobús urbano, prestando atención puedes llegar a comprobar la intolerancia, falta de respeto, intransigencia, impaciencia e incomprensión que la mayoría de los conductores tenemos hacia este tipo de vehículos en los cuales pueden ir hasta las personas más queridas por nosotros.

Una falta típica en nosotros, los conductores convencionales, es cuando un urbano se incorpora desde un cruce, hay que entender que necesita más tiempo, invadir a veces la parte contraria de la calzada ya que su longitud le impide hacer una maniobra como la de cualquier otro vehículo, mirar en ambos sentidos y empezar a realizar la maniobra.

Que no me adelante

Cuantas veces hemos visto una vez iniciada esta maniobra, un coche acercándose y acelerando para que el autobús frene o cese en su intento y tenga que volver a empezar, esto pasa en cruces y rotondas, el colmo de esta intolerancia o impaciencia, es cuando el vehículo rebasa al autobús haciéndolo frenar en mitad de la maniobra  y luego el conductor del vehículo decide pararse a unos metros en doble fila para dejar o recoger algo o alguien, siendo el culpable de que el urbano tenga que hacer otra maniobra para su rebasamiento.

Faltas y más faltas

Otra falta típica es cuando sale de una parada, aun pasando otro tanto de lo mismo hablado en el punto anterior, el colmo de la intolerancia está cuando un vehículo estando la calle atascada y el urbano con toda la parte frontal fuera de la parada incorporándose a la vía, es capaz de llevar su coche hasta la parte más delantera del autobús, impidiendo a este su iniciación de la marcha y al propio vehículo también, siendo el vehículo el que tiene que invadir el sentido contrario de circulación para que ambos se puedan mover.

A esto podemos añadir el colmo de la impaciencia, cuando el vehículo toma la intersección inmediata a la derecha, cruzándose por delante del urbano y si rayamos en la inconsciencia, que no le toque frenar porque tenga un paso de peatones, semáforo o cualquier obstáculo que le haga detenerse dejando parte del vehículo invadiendo la calzada que pretende dejar.

Maniobras y más maniobras

Estas maniobras y muchas más que se realizan constantemente en contra de una buena circulación nos daría para escribir un libro, tales como paradas ocupadas por vehículos, cruces atascados por no detenerse dos metros más atrás, etc…  a veces la ignorancia de lo desconocido nos hace reaccionar de múltiples formas, entre ellas el uso de la razón desmedida (de nuestra razón, porque en cuestión de tráfico tendríamos mucho que analizar), guardar el espacio vital de un autobús, nos hace a nosotros mismos (sin contar a vista de los demás viandantes) más tolerantes y transigente, dándonos un valor añadido al respeto por los demás y una gran base para ser mejores personas en otras actitudes de nuestra vida, algo tan simple y diario llegaría a ser un buen ejercicio para mejorar nuestra actitud.

Seamos mejores personas

Eliminar o controlar la transformación de la que somos capaces cuando nos ponemos a manos de un volante nos haría mejores personas en nuestra propia cotidianidad.

Un saludo y un olé…

Desde aquí, quiero mandar un saludo y quitarme el sombrero ante esos profesionales que diariamente cubren más de cien kilómetros por esa jungla urbana manejando auténticos dinosaurios entre hormigas, llegando a salir airosos día tras día sin un golpe o una caída de cualquier viajero.

Un día pregunté a un conductor de transportes urbanos.- ¿Por qué la frenada que haces es tan larga y da tantos tirones el autobús? a lo cual me respondió .-los urbanos son automáticos, no puedes reducir la marcha y realizarla suave, hay que pensar con antelación lo que va a pasar y extender la frenada lo más posible para que sea uniforme, suave y evitar que la gente que va de pie se caiga, lo cual nos es imposible cuando nos hacen una maniobra inesperada o repentina.- ¡¡Olé!! por esta gente, que no solo conduce, sino que a la vez que lo hace piensa en los demás.

Mis más sinceras disculpas y mi más humilde arrepentimiento por todas esas veces que consciente o inconscientemente he realizado alguna maniobra que haya entorpecido el espacio vital de estos/as profesionales.

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